Cada mañana era la misma batalla frente al espejo.
Me ponía la base con toda la ilusión... y a las dos horas parecía que tenía 10 años más.
La base se metía en mis líneas de expresión. Las marcaba como si las subrayara con plumón.
Alrededor de los ojos, en la frente, en las líneas de la sonrisa. Todo más visible que sin maquillaje.
Y el tono... nunca era el correcto. En la tienda se veía bien. En la luz del día parecía una máscara naranja que no era yo.
Estaba harta. Frustrada. A punto de dejar de maquillarme por completo.
Lo más desesperante era que había intentado de todo:
Bases "para piel madura" de $800. Primers que prometían milagros. Correctores, polvos fijadores, brochas especiales. Tutoriales de TikTok a las 11 de la noche.
A veces lograba que se viera bien... durante una hora. Después: líneas marcadas, brillo en la zona T, parches resecos.
Gasté más de $4,000 pesos en un año entre bases que terminaron a medio usar en un cajón. ¿El resultado? Nada. Seguía evitando las fotos.
Y lo peor era cuando pedía ayuda en las tiendas de maquillaje.
"Necesitas exfoliar más". "Es tu tipo de piel". "Prueba este otro tono".
Me hacían sentir que el problema era yo. Que mi piel ya no estaba "para eso". Que era cosa de la edad.
Empecé a resignarme: quizás a partir de cierta edad una simplemente ya no puede verse bien maquillada.